La presencia de este científico en Barcelona obedeció el pasado 22 de abril a un merecido homenaje. Equipado con un samovar de circunstancias y una taza siempre llena de té, Lev P. Pitaevskii rindió tributo en la aula máster del Campus Nord de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) a quien fuera su maestro y uno de los investigadores más influyentes en la teoría física moderna: Lev Landau. La escuela de Landau, en Moscú, ha cumplido medio siglo cuna de ecuaciones, principios y teorías que valdrían premios Nobel a más de uno. He aquí el porqué.
Lev P. Pitaevskii
Fue el impulsor de la física teórica en la antigua Unión Soviética, pero el régimen acabó secuestrándolo.
Quienes tuvimos la suerte de trabajar con él lo recordamos de forma muy distinta.
Parece triste.
Recordar a Landau supone para mí recordar mis tiempos de juventud, en un clima de esperanza efervescente que acabaría dando paso a una decepción.
¿Cómo conoció a Landau?
Yo era un estudiante de física. La idea de estudiar en Moscú ni se me pasaba por la cabeza, puesto que vivía muy lejos. Pero unos compañeros me hablaron muy bien de Landau y de su equipo. Por entonces, Landau sometía a sus aspirantes al curso de doctorado a 10 exámenes muy estrictos que, como luego aprendí, tenían una importancia relativa. Tras el segundo (los dos primeros eran sobre matemáticas), Landau ya me incorporó a sus clases. Eso sí, dejando constancia de que yo tenía “ciertos problemas a la hora de resolver integrales”. Me di cuenta de que era un erudito, un hombre fuera de serie, un genio. Lo anotaba todo en pequeños cuadernos. Tenía constancia de qué días y a qué horas yo me había examinado y qué puntuaciones sacaba. Era muy aficionado al cine y a la poesía, pero lo sobrecogedor era su forma de lidiar con los problemas de física. Hacía que todo lo complicado pareciera simple. La escuela no tardó en convertirse en un punto de peregrinaje de toda la ciencia de la Unión Soviética. Venían científicos de todas partes a plantearle problemas en apariencia imposibles. Con irónico y sarcástico humor, Landau daba la vuelta al problema planteado y ofrecía varias soluciones.
¿Era un buen profesor?
Todos le adorábamos, menos los burócratas y los comisarios políticos.
¿Por qué?
Era también un personaje conflictivo. No se mordía la lengua. En época de Stalin estuvo preso. El Estado nunca le ofreció puestos de confianza, como cátedras o decanatos, y, para colmo, no le dejaban salir del país. En ocasiones, los burócratas de la Universidad de Moscú censuraban sus alocuciones con el argumento de que se había emborrachado. Y la bebida más fuerte que Landau hubo probado en su vida fue una limonada.
En 1962, sus planteamientos sobre la teoría matemática de los superfluidos le valieron el premio Nobel de física.
Aun así, fue un año horrible. El día después de Reyes, Landau tuvo un grave accidente al chocar su vehículo contra un camión y ya no volvió a ser el mismo. Quedó gravemente herido y no podía valerse por sí mismo. Fue retirándose de la vida activa y apagándose hasta morir en 1968, a la edad de 60 años.
¿Dejó familia?
Se casó, tengo entendido, y tuvo un hijo que creo que ahora vive en Suiza; pero su vida familiar no fue precisamente feliz. Su verdadera devoción era la física. Además de los superfluidos, también investigó las propiedades de los superconductores y realizó estudios de mecánica cuántica. Sus observaciones sobre la presencia de polos en la electrodinámica cuántica dieron pie, más tarde, a la teoría de los neutrinos.
"Landau era un fuera de serie en materia de cálculo, pero siempre decía que de mayor quería ser gimnasta"Esa vocación por la física, ¿surgió de niño?
Puede que sí. Landau era un fuera de serie en materia de cálculo, pero siempre decía que de mayor quería ser gimnasta. Su erudición hizo que, con sólo 14 años, ya ingresara en la Universidad de Bakú, en la Facultad de Económicas. En 1929 obtuvo una beca de estudios de la Fundación Rockefeller que le permitió viajar a Göttingen, Leipzig y Copenhague. Fue en Dinamarca donde conoció al físico Niels Bohr, quien imprimió en el joven Landau un entusiasmo extraordinario por la teoría física. En sus clases con nosotros, Landau siempre hablaba de Bohr como de “su maestro”. Puede que esos fueran sus años más felices. Tras Copenhague, viajó a Cambridge y a Zurich.
De vuelta a la Unión Soviética, las cosas se complicaron.
Landau volvió muy encendido de su experiencia europea. Fue entonces cuando ideó su Instituto para los Problemas de Física en Ucrania, que luego trasladó a

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