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  1. #1

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    deja en paz a los muertos!!!!

    Esta es una historia k stoy skribiendo... spero k les gust....

    Walter suspiraba dolorosamente por el fallecimiento de su amada esposa Brunilda. Era medianoche y estaba junto a su tumba, en la hora en que el espíritu brama en las tempestades lanza sus malditas legiones de monstruos.

    Se lamentaba todas las noches junto a la cripta, bajo los árboles helados, reclinando la cabeza sobre la lápida de su esposa.

    Walter era un poderoso caballero de Burgundia. Se había casado con Brunilda en su juventud, cuando los dos se amaban con locura, pero la muerte se la arrebató de los brazos muy pronto, y sufría todavía a pesar de que se casó otra vez con una bella mujer llamada Swanhilde, rubia, de ojos verdes y un tono rosado en las mejillas, que le había dado un varoncito y una niña y que era todo lo contrario de la esposa muerta.

    Walter no hallaba reposo, seguía amando a Brunilda y deseaba con toda su alma tenerla junto a él. Constantemente comparaba a su esposa viva con su esposa muerta.

    Swanhilde notaba el cambio en su esposo y se esmeraba por atenderlo como a un rey; pero de nada servía, ya que la obsesión de Walter era tener a Brunilda otra vez, y esta idea fija y constante se había apoderado de su alma.

    Todas las noches visitaba la tumba de su hermosa esposa y le preguntaba con tristeza:

    --¿Dormirás eternamente?

    Ahí estaba Walter, acostado sobre la tumba. Era medianoche otra vez, cuando un hechicero de las montañas entro al cementerio para recoger las hierbas que sólo crecen en la tumbas y que están dotada de un terrible poder. Se acercó a aquella en que Walter lloraba y le peguntó:

    --¿Por qué, infeliz, te atormentas así? No debes lamentarte por los muertos, pues tú también morirás algún día. Al llorar por ellos no los dejas descansar.

    -- El amor es la fuerza mas grande que hay en el universo y yo amaba a la que aquí está pudriéndose. Quisiera que regresara conmigo-- le respondió Walter con pena y necedad.

    --¿Crees que va a despertar con tus lamentos? ¿No ves que perturbas su calma?

    --¡Vete, anciano, tú no conoces el amor! ¡Si yo pudiera abrir con mis manos la tierra y devolverle la vida a mi querida Brunilda, ya lo hubiera hecho a cualquier precio!-- le gritó Walter enojado

    --Ignorante, no sabes lo que dices, te estremecerías de horror ante la resucitada. ¿Piensas que el tiempo no degrada los cuerpos? Tu amor se convertiría en odio.

    --Antes se caerían las estrellas del cielo. Yo reventaría mis músculos y mis huesos si ella resucitara; jamás podría odiarla.

    --Hablas con el corazón caliente y la cabeza hirviendo. No quiero desafiarte a devolvértela; pronto te darías cuenta de que yo no miento-- le dijo en anciano hechicero.

    --¿Resucitarla?-- gritó Walter, arrojándose a los pies del mago--. Si eres capaz de tal maravilla, hazlo por el amor que ya casi no vive sobre la tierra. Harías la mejor obra de bien en tu vida......


    --Reflexiónalo con calma y, si decides que así sea, regresa mañana a medianoche; pero, te lo advierto: ¡deja a los muertos en paz!
    Walter regresó a su casa, pero no pudo conciliar el sueño. Aguantó con ansiedad al día siguiente y, justo a medianoche, estaba esperando al hechicero junto a la tumba.

    --¿Has considerado lo que te dije ayer?-- le preguntó el anciano.

    --Sí, lo he estado pensando. Devuélveme a la dueña de mi corazón, te lo suplico, Podría morir esta noche si no me cumples tu promesa.

    --Bien-- le dijo el viejo--, sigue recapacitando y regresa aquí mañana a medianoche. Te daré lo que pides, sólo recuerda algo: ¡deja a los muertos en paz!

    A la noche siguiente apareció el hechicero y le dijo a Walter:

    --Espero que hayas pensado bien la situación. Regresar un muerto a la vida no es cosa de juego. Ésta será la última vez que te lo diga: ¡deja a los muertos en paz!

    --¡Basta, mi amada no tendrá paz en esa tumba helada, tienes que regresármela, me lo has prometido!-- le gritó Walter lleno de ansiedad.

    --¡Recapacítalo, no podrás separarte de ella hasta la muerte, aunque la repugnancia y el odio se apoderen de tu corazón! Sólo habría un medio espantoso de lograrlo y no creo que quieras oír hablar de eso.

    --¡Anciano imbécil, devuélveme a Brunilda de una vez! ¿Cómo podría yo odiar lo que más he amado en la tierra?-- aulló Walter con desesperación.

    --Está bien. Puesto que así lo quieres, ¡sea! ¡Retrocede!

    El hechicero dibujó un círculo alrededor de la tumba y una tempestad se desató. Alzó los brazos al cielo y comenzó a gritar frases en una lengua que no era humana. Los búhos comenzaron a volar de todos los árboles. Las estrellas se ocultaron detrás de las nubes. La lápida que cubría la tumba comenzó a moverse y se abrió paso hacia la superficie. En el hoyo de la tumba, el anciano tiró varias yerbas diferentes mientras seguía murmurando con los ojos en blanco. Un viento rápido y helado salió del sepulcro al mismo tiempo que cientos de gusanos escalaban la tierra con rapidez. De pronto las nubes se apartaron y la luna baño la sepultura vacía. Sobre ella, el hechicero vertió sangre fresca contenida en una calavera y exclamó:

    --Bebe, tú que duermes, bebe esta sangre caliente para que tu corazón pueda latir otra vez.

    Como un volcán que hace erupción, se levantó Brunilda, empujada por una fuerza invisible, de la noche eterna en la que estaba sepultada. Tenía el pelo negro como la tormenta, ojos azules y una piel blanca. El anciano hechicero la tomó de la mano y la llevó hasta Walter-

    --Recibe otra vez a la que amas tanto. ¡Espero que nunca vuelvas a necesitar mi ayuda! De ser así, me encontrarás en las noches de luna llena en las montañas, donde los caminos se cruzan—diciendo esto, se alejó con paso lento.

    --¡Walter!—exclamó Brunilda--, llévame pronto al castillo en las montañas.

    Walter saltó sobre el caballo y, tomando a su amada, galopó en dirección a las montañas solitarias, donde tenía un castillo oculto entre la maleza. Ahí había vivido con Brunilda. Sólo el viejo criado los vio llegas. Fue amenazado de inmediato por el patrón, quien le ordenó guardar silencio.

    --Aquí estaremos bien—dijo Brunilda--, hasta que mis ojos puedan ver la luz nuevamente.

    Mientras residían en el castillo, los pocos criados ignoraban por completo que su antigua ama hubiera resucitado. Sólo el viejo sirviente sabía la verdad y era el que les llevaba el agua y la comida.

    Los primeros siete días vivieron a la luz de la vela, con todas las cortinas cerradas; los siguientes siete se abrieron las ventanas más altas. De modo que sólo entraba la tenue claridad del amanecer o del anochecer.
    Walter nunca se apartaba de su querida Brunilda. No obstante, sentía un escalofrío que le impedía tocarla y no sabía por qué pero tan grande era su amor que no le importaba. Estaba seguro de que esto era mejor que el pasado. Su esposa era aún más bella que cuando estuvo viva la primera vez, su voz era más dulce, sus palabras fluían con emoción y toda ella lo fascinaba hasta la locura.
    Brunilda constantemente hablaba de los amores que habían tenido en el pasado, haciendo a Walter emocionantes promesas que pronto se realizarían. Su amor sería el amor más grande que hubiera conocido el mundo. Así embriagaba a su amado de esperanzas para el futuro. Sólo cuando hablaba del cariño que sentía por él, dejaba aparecer su parte terrenal; de otro modo discutía sin cesar asuntos espirituales, eternos y proféticos.
    Todos los días dormían juntos. Walter sentía la necesidad de enamorar más a fondo a su esposa, compenetrarse con ella como lo hacían antes, pero Brunilda se apartaba bruscamente de la cama y le explicaba:
    --Así no, querido. ¿Cómo podría yo, que he regresado de la muerte para estar contigo, ser tu amante mientras tienes una sucia mujer que se hacer llamar tu esposa?
    Walter había enloquecido y estaba dispuesto a todo.
    Un día, arrebatado por la pasión, abandonó el castillo y cabalgó con furia por entre los bosques y las montañas hasta que llegó a su casa, donde su esposa Swanhilde lo recibió con cariños y palabras bellas, al igual que sus hijos. Pero nada pudo calmarlo ni reprimir su cólera. Expuso a su esposa que lo mejor era que se separaran para que cada quien pensara las cosas con calma y vieran si realmente se querían o no. Swanhilde, llena de comprensión, le dijo que estaba bien.
    Al otro día, Walter ya había conseguido el acta de separación que decía que ella debería regresar a casa de sus padres. Los niños se quedarían en el castillo. Entonces Swanhilde le dijo:
    --Sospecho que me dejas por el amor de Brunilda, a quien no puedes olvidar. Te he visto ir al cementerio y rondar su tumba. ¿No me digas, Walter, que has osado juntar a los vivos con los muertos? ¡Eso causaría tu propia destrucción!
    Walter recordó que lo mismo le había sentenciado el hechicero, pero no lo tomó en cuenta.
    Hizo redecorar todo el palacio al gusto de la nueva dueña del hogar. La resucitada ingresó por segunda vez a su mansión como esposa.
    Walter les dijo a todos los criados de palacio que era una nueva novia que había traído de tierras lejanas, pero los habitantes del castillo veían el extraño parecido que había entre esta señora y su antigua ama Brunilda. Sus almas se llenaron de espanto, pues esperaban lo peor y, entre la servidumbre, corría el rumor de que su amo había desenterrado a la antigua esposa de su tumba y con poderes mágicos la había hecho vivir nuevamente.
    La nueva ama nunca llevaba otro vestido que no fuera su túnica gris pálido, no usaba joyas de oro como las grandes señoras, sino turbias alhajas de plata a manera de cinturón y aretes; opacas perlas cubrían su pecho.
    Brunilda sólo salía en los atardeceres e impuso mano dura a todos los creados que la rodeaban. Era una mujer cruel que castigaba sin pretexto y por placer. Tenía el poder de la vida o la muerte sobre ellos.
    En otro tiempo el castillo estuvo poblado de alegría, pero ahora sus moradores tenían la cara demacrada por el temor; se estremecían cada vez que se cruzaban con Brunilda. Muchos criados cayeron enfermos y murieron. Aquellos que la veían a los ojos se convertían en esclavos de sus caprichos. La mayoría intentó huir del castillo. Sólo algunos eran conservadores con vida, los ancianos.
    Los poderes que el hechicero había dado a Brunilda con el alimento humano habían recompuesto su cuerpo podrido. Sólo una bebida mágica podía conservarla con vida, una poción maldita: sangre humana, bebida aún caliente de venas jóvenes……. Continuara……..
    J0ozhhoue!! la derrota tiene alwo positivo... nunk es definitiva.... en cambio la victoria tiene alwo malo... jamas sera definitiva!!!! (ia t alcanzare carlos)

  2. #2

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    buena historia josue te quedo genial sabes escribir bien

  3. #3
    מלך החושך.

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    Hey buena historia amigo, veo que te gusta mucho leer y escribir ^^.
    Porque no tepasa por el foro de zona de lectura.
    Tema movido a Literatura.



  4. #4
    ~Buchonm (BxD)~

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    OO, cuanto tiempo te tomaste para esto O.o, leí algo y esta interesante!, jeje después la oigo completa con el LOquendo xD
    Buen tema y historia!

    Saludos >=P

  5. #5

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    Esta buena tu historia me recuerda un poco a la mano de mono solo por la aprte de revivir a los muertos y ver lo horribles que eran.
    Se regalan puntos gratis para lo que necesites.




 

 

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